Ojalá coincidamos en otras vidas, ya no tan tercos, ya no tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya sin razones sino pasiones, ya sin orgullo ni pretensiones. Ojalá.
Entonces, me volteé y caminé hacia mi cuarto y cerré la puerta y puse la cabeza debajo de la almohada, y deje que el silencio pusiera las cosas donde debían estar